Cerca de 27.000 hectáreas afectadas, miles de personas evacuadas y 17 municipios golpeados por una emergencia que durante días mantuvo en vilo al suroeste de Madrid. El gran incendio forestal de julio de 2026 deja tras de sí un paisaje herido y una comarca que comienza ahora una larga recuperación.
Durante días, el humo cubrió buena parte de la Sierra Oeste. Las carreteras se cortaron, numerosas familias tuvieron que abandonar sus casas y miles de personas siguieron con preocupación el avance de unas llamas que terminarían convirtiéndose en uno de los episodios más graves vividos recientemente en la comarca.
Lo que inicialmente eran varios incendios terminó convirtiéndose en una única y enorme emergencia. El 24 de julio, los fuegos activos de Villa del Prado, San Martín de Valdeiglesias y Almorox acabaron fusionándose en el denominado Incendio Forestal Sierra Oeste. Durante la madrugada de ese mismo día se declaró además la emergencia de interés nacional en la Comunidad de Madrid y en las provincias de Ávila y Toledo.
La magnitud del incendio obligó a desplegar un dispositivo extraordinario. Bomberos, bomberos forestales, agentes forestales, servicios sanitarios, Guardia Civil, Protección Civil y numerosos medios terrestres y aéreos trabajaron durante jornadas interminables para contener el fuego y proteger a los vecinos. Solo Protección Civil movilizó a alrededor de 3.500 voluntarios procedentes de toda la Comunidad de Madrid.
Miles de vecinos tuvieron que abandonar sus hogares
El incendio no se quedó en el monte. Las llamas se aproximaron a zonas habitadas y obligaron a realizar evacuaciones en distintos puntos de la comarca. En total, se habilitaron 24 puntos de acogida en 21 municipios, por los que pasaron alrededor de 3.000 personas. Los servicios sociales realizaron además seguimiento a unas 1.600 personas dependientes.
La emergencia sanitaria también alcanzó unas dimensiones importantes. Según el balance de la Comunidad de Madrid, el SERMAS y el SUMMA 112 realizaron más de 2.900 atenciones, con 380 profesionales y 150 vehículos movilizados. Se distribuyeron además 50.000 mascarillas FFP2 entre la población de las localidades afectadas debido al humo y las cenizas.
Mientras tanto, las imágenes se repetían municipio tras municipio: vecinos saliendo de sus viviendas con lo imprescindible, animales trasladados, carreteras cerradas y equipos de emergencia trabajando entre el humo. Para muchas familias, la prioridad dejó de ser saber hasta dónde llegaría el incendio para convertirse simplemente en saber cuándo podrían volver a casa y qué encontrarían al regresar.
Una lucha que continuó incluso después de estabilizar el fuego
El 30 de julio, el incendio fue considerado estabilizado en la Comunidad de Madrid y pasó a situación operativa 2. Sin embargo, la emergencia todavía estaba lejos de terminar.
Un día después se produjo una reproducción en el entorno del embalse de San Juan que obligó nuevamente a intervenir a bomberos, bomberos forestales y agentes forestales. Durante los primeros días de agosto continuaron las labores de vigilancia, control y extinción, mientras permanecían restringidos los accesos a algunas de las zonas más afectadas.
Finalmente, el 4 de agosto, los incendios que habían afectado a 17 municipios de la Sierra Oeste fueron declarados controlados y en fase de extinción. El INFOMA descendió entonces a situación operativa 0.
El balance permite hacerse una idea de la dimensión de lo ocurrido: aproximadamente 27.000 hectáreas afectadas únicamente en la Comunidad de Madrid.
Después del fuego
Con las llamas bajo control comenzó otra emergencia menos visible: recuperar la normalidad.
Las máquinas comenzaron a retirar árboles, restos vegetales, escombros y enseres. Según los datos oficiales, se retiraron 550 metros cúbicos de enseres y escombros y 1.355 metros cúbicos de residuos vegetales. También se trabajó para recuperar las comunicaciones y las carreteras, llegando a reabrirse unos 175 kilómetros de vías afectadas.
El sector ganadero fue otro de los grandes damnificados. Para garantizar la alimentación de los animales de las explotaciones afectadas se distribuyeron más de 437.000 kilos de paja y forraje.
Paralelamente se pusieron en marcha servicios de atención psicológica, orientación jurídica y laboral y puntos específicos de asistencia a los damnificados.
Algunas familias tampoco pudieron regresar inmediatamente a sus viviendas. La Comunidad habilitó alojamiento y manutención temporal en establecimientos hoteleros para las personas evacuadas cuyas casas no reunían todavía condiciones de seguridad y habitabilidad. En total, 416 personas llegaron a necesitar este recurso durante la emergencia.
Una comarca que empieza de nuevo
Apagado el fuego, queda ahora la parte más larga.
Recuperar viviendas, explotaciones agrícolas y ganaderas, infraestructuras y espacios naturales llevará tiempo. También lo hará recuperar una normalidad que durante varios días desapareció por completo de muchos pueblos de la Sierra Oeste.
Pero la crónica de aquellos días no es únicamente la de las hectáreas quemadas. Es también la de miles de profesionales y voluntarios trabajando frente al fuego, la de vecinos ayudándose unos a otros y la de municipios que tuvieron que organizarse en cuestión de horas para acoger a quienes abandonaban sus hogares.
El incendio dejó una cicatriz de miles de hectáreas sobre el territorio. Ahora comienza el reto de conseguir que esa cicatriz no determine el futuro de la Sierra Oeste.
Porque después del fuego llega una tarea quizá menos espectacular, pero igual de importante: reconstruir la comarca y devolver la vida a todo aquello que las llamas pusieron en peligro.

