Las llamas ya no ocupan cada minuto de la actualidad, pero el incendio de la Sierra Oeste continúa dejando consecuencias. Esta vez no se ven en forma de columnas de humo ni de hectáreas calcinadas. Se ven en cajas que ingresan menos, establecimientos que tratan de recuperar la normalidad, explotaciones agrarias dañadas y pequeños empresarios y autónomos que afrontan un verano muy diferente al que esperaban.
El impacto sobre la hostelería es uno de los más visibles. Los días de evacuaciones, confinamientos, carreteras cortadas y emergencia redujeron drásticamente la actividad y, una vez superados los peores momentos del incendio, queda otro problema: recuperar a los visitantes.
Pero la factura económica del fuego no termina en las terrazas y restaurantes. El pequeño comercio, las empresas de servicios y los autónomos de los municipios afectados también forman parte de una economía local que ha visto alterada su actividad durante semanas. La magnitud del problema queda reflejada en las propias medidas aprobadas por la Comunidad de Madrid, que ha anunciado 15,2 millones de euros en ayudas directas destinadas a pymes y autónomos de los sectores del comercio, los servicios y la industria afectados por los incendios.
Entre ellas se contempla un pago de 5.000 euros para autónomos destinado a afrontar gastos necesarios para reactivar la actividad, como la reposición de bienes y equipos o las labores de limpieza. También se han establecido ayudas de 5.000 euros por establecimiento para comercios, negocios artesanos, empresas de servicios y establecimientos hosteleros, además de una línea específica para empresas industriales.

A estas medidas se suma un millón de euros destinado a la recuperación digital de pymes y autónomos. Los beneficiarios podrán recibir hasta 10.000 euros para recuperar equipos informáticos, terminales de punto de venta, dispositivos de red o sistemas de conectividad dañados. Son elementos imprescindibles para cualquier pequeño comercio que necesite volver a levantar la persiana y funcionar con normalidad.
Del escaparate al campo
El incendio también ha golpeado otra de las bases económicas de la comarca: el sector primario. Agricultura, ganadería, viticultura y apicultura afrontan ahora sus propias consecuencias.
En municipios vinculados a la producción de vino, como San Martín de Valdeiglesias, existe preocupación por los posibles efectos del humo y las cenizas sobre la uva en las semanas previas a la vendimia. Los ganaderos de localidades como Pelayos de la Presa y Navas del Rey se enfrentan, por su parte, a la pérdida de pastos y a la necesidad de encontrar alimento alternativo para sus animales. También se han registrado daños en la apicultura, con colmenas destruidas y la necesidad de trasladar abejas hacia lugares donde todavía encuentren vegetación.
El resultado dibuja una cadena mucho más amplia de lo que puede parecer a primera vista. Cuando un visitante decide no acudir a la Sierra Oeste no pierde únicamente un restaurante. Puede perder una tienda, una panadería, una empresa de actividades, un alojamiento o un productor local. Y cuando una explotación agrícola o ganadera resulta dañada, sus consecuencias pueden extenderse también a proveedores, distribuidores y establecimientos que comercializan sus productos.
El reto ahora es recuperar la normalidad
Durante los momentos más graves de la emergencia, miles de vecinos tuvieron que abandonar sus casas o permanecer confinados y numerosas carreteras quedaron cortadas. Era inevitable que la actividad económica quedara en segundo plano. Ahora, sin embargo, los pueblos afrontan una fase diferente.
La recuperación de la Sierra Oeste no consiste únicamente en restaurar el monte, reparar infraestructuras o reconstruir lo que alcanzaron las llamas. También pasa por evitar que el incendio deje una cicatriz económica duradera en unos municipios donde buena parte del tejido empresarial está formado por autónomos y pequeños negocios.
Las ayudas públicas serán una parte de esa recuperación, pero existe otra que depende de algo mucho más cotidiano: volver a los pueblos.
Comprar en sus tiendas, comer en sus restaurantes, alojarse en sus establecimientos, contratar sus servicios y consumir los productos que se elaboran en la comarca ayuda a que el dinero permanezca en el territorio y a que quienes mantienen vivos estos municipios puedan continuar haciéndolo.
El incendio arrasó miles de hectáreas en apenas unos días. Evitar que también arrase parte de la economía local será uno de los grandes retos de los próximos meses.


