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¿Por qué no se retiran todos los árboles quemados después de un incendio?

Después de un gran incendio puede parecer lógico limpiar el monte y retirar cuanto antes troncos, ramas y árboles calcinados. Sin embargo, parte de esa vegetación puede ayudar a proteger el suelo y favorecer la recuperación del bosque.

Después de los incendios de este verano, numerosos montes de la Sierra Oeste de Madrid presentan todavía árboles completamente negros, troncos caídos y restos de vegetación quemada.

A simple vista puede surgir una pregunta bastante lógica: ¿por qué no se retira todo y se limpia el monte?

La respuesta es que un bosque quemado no funciona como un solar que haya que dejar despejado. Aunque estén muertos, algunos árboles y restos vegetales siguen cumpliendo una función importante.

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Los troncos ayudan a que la tierra no desaparezca

Uno de los mayores problemas después de un incendio no termina cuando se apagan las llamas. El fuego elimina buena parte de la vegetación que protegía el terreno. Cuando posteriormente llegan lluvias fuertes, el agua puede arrastrar la tierra y las cenizas ladera abajo.

Los troncos y ramas que permanecen sobre el suelo actúan como pequeños obstáculos. Frenan el agua, ayudan a retener tierra y reducen la erosión. Por eso, en algunos terrenos quemados se colocan incluso troncos atravesados siguiendo las curvas de las laderas. Son las llamadas fajinas. No están ahí porque nadie haya terminado de limpiar el monte. Están ahí precisamente para protegerlo.

Un árbol muerto también puede tener vida

Los árboles quemados también pueden seguir teniendo utilidad para los animales. Algunos troncos permanecen en pie y pueden servir como posaderos para aves. Otros, al caer y comenzar lentamente a descomponerse, proporcionan refugio a insectos y pequeños animales.

Con el tiempo, además, esa madera aporta materia orgánica al suelo. Por eso un monte sano no tiene necesariamente que estar completamente limpio de madera muerta. Lo que desde una carretera puede parecer abandono puede formar parte, en determinadas zonas, del propio proceso de recuperación.

Entonces, ¿por qué se retiran árboles?

Porque dejar absolutamente todo tampoco es siempre la mejor opción.Hay árboles quemados que pueden caer sobre carreteras, caminos, viviendas o zonas frecuentadas por personas y que deben retirarse por seguridad.

También puede ser necesario sacar determinada madera para reducir el riesgo de plagas forestales que podrían terminar afectando a árboles que han sobrevivido al incendio. Y existen zonas donde los trabajos forestales requieren retirar parte de los restos para facilitar la recuperación posterior.

La cuestión, por tanto, no es elegir entre retirarlo todo o no tocar absolutamente nada.

¿Qué está ocurriendo ahora en la Sierra Oeste?

La Comunidad de Madrid ha aprobado este mes de agosto un procedimiento especial para facilitar la retirada de vegetación forestal afectada por los incendios. Los propietarios de terrenos incluidos en las zonas afectadas pueden realizar trabajos de corta y retirada sin tener que solicitar una autorización individual, aunque deben comunicarlo previamente a la Administración con al menos diez días hábiles de antelación. Pero eso no significa que la propia Comunidad considere que haya que dejar el monte completamente despejado. La resolución establece también medidas destinadas a proteger el suelo, evitar la erosión y conservar determinados ejemplares.

En las laderas con mayor pendiente, por ejemplo, parte de los restos pequeños debe permanecer sobre el terreno y puede utilizarse para formar barreras que ayuden a sujetar la tierra.

También existen limitaciones para el uso de maquinaria y los agentes forestales pueden determinar que determinados árboles deben conservarse.

La maquinaria también importa

Hay otro motivo para actuar con cuidado: Después de un incendio, el suelo puede quedar especialmente vulnerable. Meter maquinaria pesada para retirar grandes cantidades de madera puede compactarlo y favorecer que la tierra sea arrastrada cuando lleguen lluvias intensas. Por eso las recomendaciones técnicas sobre recuperación de montes quemados insisten en que cada zona debe estudiarse según sus características.

No es igual una ladera muy inclinada que un terreno prácticamente llano. Tampoco es igual un árbol junto a una carretera que otro situado en mitad del monte.

El monte no necesita quedar bonito, necesita recuperarse

Esta es probablemente la idea más sencilla para entenderlo.

Después de un incendio, el objetivo no es que el monte parezca limpio, sino conseguir que vuelva a funcionar como ecosistema.

En algunos lugares será necesario retirar árboles. En otros será conveniente dejarlos. Y en determinadas laderas incluso se utilizarán los propios restos quemados para intentar conservar el suelo. Por eso, si durante los próximos meses seguimos viendo árboles negros en los montes de la Sierra Oeste, no necesariamente significará que nadie se haya olvidado de retirarlos.

En ocasiones, dejar parte de lo que quemó el fuego puede ser precisamente una de las formas de ayudar al monte a empezar de nuevo.