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La Sierra Oeste mira al cielo: así se vivió el histórico eclipse entre miradores, pueblos y el Pantano de San Juan

Imágenes cedidas por Patricia Aibar

Vecinos de distintos municipios buscaron durante la tarde del miércoles lugares elevados y horizontes despejados para contemplar un fenómeno que dejó al Sol reducido a una mínima franja de luz. Desde el Mirador de Casaquemada, en Pelayos de la Presa, el espectáculo tuvo como escenario el Pantano de San Juan.

Durante unos minutos, este miércoles 12 de agosto hubo una razón para dejar de mirar al suelo y levantar la vista hacia el oeste.

La Sierra Oeste y el suroeste de Madrid vivieron uno de los acontecimientos astronómicos más esperados de los últimos años: el eclipse de Sol que recorrió España al atardecer y que, aunque en esta parte de la Comunidad de Madrid no llegó a alcanzar la totalidad, dejó una imagen difícil de olvidar.

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Miradores, zonas abiertas y puntos elevados se convirtieron en lugares privilegiados para contemplar cómo la Luna iba cubriendo progresivamente el disco solar hasta dejar apenas una estrecha porción visible.

El fenómeno comenzó en Madrid alrededor de las 19:37 horas y alcanzó su momento culminante hacia las 20:32, cuando el Sol se encontraba ya muy bajo sobre el horizonte. Precisamente esa circunstancia convirtió los paisajes abiertos de la comarca en un escenario especialmente atractivo para seguir el eclipse.

El eclipse desde el Mirador de Casaquemada

Uno de esos lugares fue el Mirador de Casaquemada, en Pelayos de la Presa. Hasta allí subió Patricia Aibar para contemplar el fenómeno después de realizar una ruta de unos 40 minutos desde su casa. Desde el mirador, la escena no se limitaba al cielo: a sus pies se extendía el Pantano de San Juan, donde numerosos barcos permanecían sobre el agua mientras avanzaba el eclipse. En las proximidades se encontraba también un helicóptero del SUMMA 112.

«Nosotros vimos el eclipse en el Mirador de Casaquemada de Pelayos de la Presa. Estaba el helicóptero del SUMMA con su agüita por debajo nuestra y muchos barcos en el Pantano de San Juan», relata Patricia a Suroeste Madrid.

La elección del lugar tampoco fue casual «Una rutita desde casa de unos 40 minutitos para un mirador que enamora cada vez que subes», explica. Y termina su particular crónica de la tarde con una declaración de amor al municipio y a toda la comarca: «¡Viva Pelayos y viva la Sierra Oeste!».

Las fotografías tomadas durante la observación muestran precisamente esa combinación que hizo especial el eclipse en esta zona de Madrid: el fenómeno astronómico sobre uno de los paisajes más reconocibles de la Sierra Oeste.

Siete municipios de la comarca, entre los puntos de observación

La expectación generada por el eclipse había llevado a la Comunidad de Madrid a preparar una amplia red de lugares desde los que seguir el fenómeno.

Entre los municipios de nuestra zona incluidos como puntos de observación figuraban Brunete, Chapinería, Navas del Rey, Robledo de Chavela, San Martín de Valdeiglesias, Santa María de la Alameda y Villamantilla.

La elección de espacios abiertos tenía especial importancia en esta ocasión. El eclipse se produjo al final de la tarde y el Sol estaba situado a muy poca altura, por lo que disponer de un horizonte despejado hacia el oeste era fundamental.

El Instituto Geográfico Nacional había advertido precisamente de esta particularidad: España se encontraba al final del recorrido de la sombra lunar y el momento de máxima ocultación llegaría con el Sol muy próximo al horizonte.

Casi de noche en pleno atardecer

La Sierra Oeste quedó fuera de la franja en la que el eclipse llegó a ser completamente total, situada más al norte.

Pero la diferencia visual fue pequeña sobre el papel y enorme desde el punto de vista astronómico: en buena parte de Madrid la Luna llegó a ocultar prácticamente todo el disco solar.

A medida que avanzaba el fenómeno, el Sol fue transformándose primero en una media luna y después en un finísimo arco luminoso. La luz ambiental disminuyó notablemente y durante unos instantes el paisaje adquirió una tonalidad poco habitual para una tarde de agosto.

En Madrid, el máximo se produjo alrededor de las 20:32 horas, con el Sol situado aproximadamente a siete grados sobre el horizonte.

Después comenzó lentamente el proceso contrario. La Luna fue dejando de cubrir el disco solar mientras el propio Sol continuaba descendiendo hacia su puesta.

Un eclipse histórico

El del 12 de agosto no fue un eclipse cualquiera.

Según el Instituto Geográfico Nacional, fue el primer eclipse total de Sol visible desde la península Ibérica en más de un siglo.

La franja de totalidad atravesó España de oeste a este, desde Galicia hasta Baleares, pasando por zonas de Asturias, Castilla y León, País Vasco, Aragón, Cataluña y la Comunidad Valenciana.

Madrid quedó atravesada por el límite del fenómeno: mientras numerosos municipios del norte de la región pudieron experimentar la totalidad, la capital y buena parte del oeste y sur madrileño contemplaron un eclipse parcial extraordinariamente profundo.

La expectación llevó además a las administraciones a desplegar un dispositivo especial. La Comunidad de Madrid habilitó decenas de puntos de observación y distribuyó gafas certificadas para contemplar el fenómeno con seguridad.

La jornada transcurrió en la región sin grandes incidencias relacionadas con la concentración de personas, aunque las autoridades habían reforzado especialmente la vigilancia ante el riesgo de incendios y los numerosos desplazamientos previstos.

La Sierra Oeste también tuvo su palco

No hizo falta, sin embargo, desplazarse cientos de kilómetros hasta la franja de totalidad para vivir una tarde difícil de repetir.

En la Sierra Oeste bastaba con encontrar altura, mirar hacia poniente y esperar.

Algunos lo hicieron desde los puntos habilitados para la ocasión. Otros buscaron su rincón habitual en el campo. Y algunos, como Patricia, caminaron hasta uno de esos lugares desde los que la comarca parece extenderse entera bajo los pies.

Allí arriba, desde Casaquemada, el eclipse tuvo además un escenario difícil de mejorar: el Pantano de San Juan, los barcos sobre el agua, las montañas de la Sierra Oeste y un Sol convertido durante unos minutos en una finísima media luna.

Una de esas tardes en las que el espectáculo estaba en el cielo, pero también en el paisaje desde el que se contemplaba.