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Colmenar del Arroyo, el pueblo que convirtió sus paredes en un libro de poesía

Lo que comenzó hace más de una década con la idea de un vecino ha terminado convirtiéndose en una de las señas de identidad más singulares de este municipio de la Sierra Oeste: más de un centenar de versos, frases y recuerdos escritos sobre sus fachadas.

Hay pueblos que se recorren mirando escaparates, monumentos o plazas. Colmenar del Arroyo invita a caminar mirando las paredes. En sus calles, las fachadas de las casas dejaron hace años de ser simples muros para convertirse en páginas de un enorme libro abierto. Versos, fragmentos literarios, letras de canciones y pequeñas frases aparecen entre puertas, ventanas y balcones, convirtiendo un paseo por el municipio en una particular ruta poética.

No es una instalación temporal ni una campaña cultural de unas semanas. Las primeras frases comenzaron a aparecer hace más de una década y hoy forman parte de la identidad de Colmenar del Arroyo. Telemadrid llegó a bautizarlo en 2023 como “el pueblo de los cien poemas”, una imagen que resume bien lo que encuentra quien se adentra en sus calles.

Pero detrás de esas letras negras sobre paredes blancas hay también una historia personal.

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El sueño de Luis Santos

El origen hay que buscarlo en Luis Santos Sainz, vecino de Colmenar del Arroyo y la persona que imaginó que la poesía podía abandonar los libros para formar parte del paisaje cotidiano del municipio.

La inspiración procedía de Acción Poética, el movimiento iniciado en Monterrey, México, por el poeta Armando Alanís Pulido en la década de los noventa y que con los años se extendió por numerosos países. Su propuesta era sencilla: utilizar muros y paredes para acercar pequeñas dosis de poesía a cualquiera que pasara por delante.

En el verano de 2014 aquella idea llegó a Colmenar del Arroyo. El proyecto contó con el respaldo municipal y con la participación de vecinos dispuestos a prestar sus fachadas y ayudar a escoger y pintar las frases. La poesía empezaba así a salir de las bibliotecas para instalarse literalmente en las calles del pueblo.

Luis Santos pudo contemplar aquella primera parte de su sueño hecha realidad, pero falleció en octubre de 2014. El proyecto, sin embargo, no terminó con él. Familiares, amigos, vecinos e instituciones decidieron continuarlo y aquella iniciativa inicial acabó convirtiéndose en algo mucho mayor.

La propia historia de Acción Poética Colmenar del Arroyo quedó desde entonces ligada a la de Luis.

Mucho más que poemas bonitos

A primera vista pueden parecer simplemente frases elegidas para embellecer las calles. Pero algunas de las paredes de Colmenar cuentan también historias de quienes vivieron detrás de ellas.

Junto a versos y fragmentos literarios existen textos relacionados con antiguos vecinos, profesiones y recuerdos vinculados a determinados edificios. Las fachadas funcionan así como pequeñas cápsulas de memoria local: no solo invitan a leer, sino también a preguntarse quién vivió allí y qué ocurrió antes en ese lugar.

La iniciativa terminó creciendo hasta crear una auténtica Ruta de la Poesía. El propio Ayuntamiento describe el proyecto como parte de la historia reciente de Colmenar del Arroyo y recuerda que el colectivo organizó actividades gratuitas, festivales poéticos y nuevas pintadas por las calles del municipio.

Así, lo que comenzó como una intervención cultural acabó modificando la manera de recorrer el pueblo.

Porque aquí no hace falta entrar en un museo para encontrarse con la literatura.

Está en la calle.

Un libro que lleva más de diez años abierto

El tiempo ha convertido además aquellas primeras pintadas en parte del patrimonio sentimental de Colmenar del Arroyo. Más de diez años después de su creación, muchas de las frases originales continúan en sus fachadas.

Y hay otro detalle especialmente llamativo: han sido respetadas. Telemadrid señalaba en un reportaje emitido en 2024 que las poesías no habían sufrido daños por grafitis y que el Ayuntamiento se encargaba periódicamente de repasarlas y cuidarlas para evitar que desaparecieran.

Quizá sea una de las mejores pruebas de hasta qué punto los vecinos han hecho suyo el proyecto.

Lo que empezó pintándose sobre una pared terminó formando parte del propio paisaje.

Cuando las paredes se convierten en memoria

La historia de Colmenar del Arroyo demuestra que no siempre hacen falta grandes infraestructuras para crear algo capaz de distinguir a un municipio.

Aquí bastaron unas paredes blancas, pintura negra y una idea.

Con los años, aquellos versos se han convertido también en un atractivo para quienes visitan la Sierra Oeste. Ya en 2018 El País describía las frases y aforismos repartidos por el municipio como un reclamo turístico. Años después, las cámaras han seguido regresando a Colmenar para contar la misma historia: la del pequeño pueblo madrileño en el que las fachadas hablan.

Pero quizá reducirlo a un atractivo turístico sería quedarse únicamente con la superficie.

Porque detrás está el sueño de un vecino que quiso llevar la poesía a las calles; están quienes decidieron continuar su proyecto después de su muerte; están los propietarios que prestaron sus fachadas y quienes han cuidado durante años las palabras pintadas sobre ellas.

Y están, sobre todo, los recuerdos de un pueblo que decidió escribir parte de su historia donde todo el mundo pudiera leerla.

Más de una década después, Colmenar del Arroyo sigue siendo ese enorme libro abierto que Luis Santos imaginó.

Solo que aquí las páginas no se pasan.

Se recorren andando.