Más de 1.000 colmenas perdidas tras los incendios: la Sierra Oeste afronta ahora el reto de recuperar sus abejas

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El fuego no solo arrasó viviendas, explotaciones y miles de hectáreas de monte. Más de un millar de colmenas habrían quedado destruidas y las colonias que sobrevivieron se enfrentan ahora a un territorio con mucha menos vegetación de la que alimentarse. En Navas del Rey, un apicultor perdió 80 colmenas.

Las consecuencias de los grandes incendios de julio en la Sierra Oeste de Madrid siguen apareciendo semanas después de que las llamas dejaran de dominar la actualidad. A los daños en viviendas, explotaciones ganaderas, negocios e infraestructuras se suma ahora otro impacto menos visible: el sufrido por las abejas y la actividad apícola.

Más de 1.000 colmenas quedaron destruidas por el fuego, según los datos difundidos este lunes por Telemadrid a partir de testimonios del sector. La cifra adquiere otra dimensión al compararla con el tamaño de la apicultura madrileña.

Solo unos días antes del inicio de los grandes incendios, la propia Comunidad de Madrid cifraba en más de 16.600 las colmenas existentes en la región, distribuidas entre 626 explotaciones activas.

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Tomando ambas cifras como referencia, las más de 1.000 colmenas destruidas representarían un número equivalente a más del 6 % de todas las colmenas contabilizadas en la Comunidad de Madrid antes de los incendios.

La comparación no permite establecer por sí sola qué porcentaje exacto del sector madrileño ha desaparecido, puesto que las colmenas afectadas se concentran en las áreas alcanzadas por el fuego y la cifra de daños continúa siendo una estimación. Sí permite, sin embargo, aproximarse a la magnitud de lo ocurrido.

El problema no termina en las colmenas quemadas

Para los apicultores, sustituir las cajas destruidas no resuelve por sí solo las consecuencias del incendio.

Una colmena depende del territorio que la rodea. Las abejas necesitan encontrar flores, néctar y polen, y buena parte de esa vegetación desapareció en las zonas recorridas por las llamas.

El informe preliminar elaborado por la Comunidad de Madrid cifró en 26.860 hectáreas la superficie afectada por los incendios, de las que 4.920 corresponden a monte de utilidad pública. El balance oficial recoge además daños en 57 explotaciones ganaderas y numerosas infraestructuras vinculadas al medio rural.

Por su parte, la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos de Madrid calculó de forma preliminar que unas 18.500 hectáreas de superficie agraria útil habían resultado quemadas.

Ese cambio del paisaje afecta directamente a las colmenas que consiguieron escapar del fuego. Algunas han tenido que ser desplazadas y otras necesitan alimentación suplementaria mientras el entorno comienza a recuperarse.

Uno de los casos conocidos se encuentra en Navas del Rey.

El apicultor Iván del Río, de Madrid Miel, perdió allí 80 colmenas durante el incendio, según explicó en un reportaje emitido este lunes por Telemadrid. Del Río ha estimado además en alrededor de 100 millones el número de abejas que podrían haber muerto en el conjunto de las zonas afectadas de la Comunidad de Madrid.

El productor también ha advertido de que recuperar las colmenas no supondrá recuperar automáticamente el ecosistema en el que trabajaban: la regeneración de la vegetación y de la biodiversidad necesitará mucho más tiempo.

Las abejas también forman parte de la recuperación del monte

La pérdida tiene una dimensión económica para los productores de miel, pero también una consecuencia ambiental.

La propia Comunidad de Madrid destaca que las abejas desempeñan un papel especialmente relevante precisamente en ecosistemas que han sufrido incendios forestales.

A través de la polinización contribuyen a la reproducción de numerosas especies vegetales y a la formación posterior de frutos y semillas, un proceso necesario para que los ecosistemas continúen su sucesión y recuperación.

Además, las abejas pueden desplazarse varios kilómetros desde las colmenas y polinizar tanto flora silvestre como cultivos agrícolas del entorno.

El Ministerio para la Transición Ecológica también considera la polinización uno de los servicios esenciales que la fauna presta a los espacios agrícolas y recuerda que animales y plantas silvestres contribuyen al rendimiento de las explotaciones mediante procesos como la polinización, la dispersión de semillas o el control natural de plagas. Por eso, el problema generado por el incendio no puede medirse únicamente en kilos de miel que dejarán de producirse o en el coste económico de comprar nuevas colmenas.

La recuperación de las poblaciones de abejas y de otros polinizadores está directamente relacionada con la recuperación del propio paisaje de la Sierra Oeste.

Alimentar a las colonias mientras vuelve la vegetación

Mientras el monte comienza ese lento proceso, los apicultores buscan soluciones para mantener las colonias que sobrevivieron.

Según la información difundida este lunes, una empresa ha donado 950 kilos de alimento para abejas destinado a los productores afectados por los incendios madrileños. Iván del Río participó en su traslado hasta un punto de distribución para que pudiera ser recogido por los apicultores que lo necesitaran.

Es una solución de emergencia para un problema que será mucho más prolongado. Antes de los incendios, la apicultura madrileña contaba con miles de colmenas repartidas por el territorio y las administraciones destacaban precisamente su importancia para la conservación de la biodiversidad.

Ahora, en una parte de la Sierra Oeste, la situación se ha invertido: las abejas necesitan que vuelva el monte y el monte necesitará también a sus polinizadores para recuperarse.

El balance del fuego, por tanto, sigue creciendo mucho después de apagarse las últimas llamas.

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Suroeste Madrid
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